sábado, abril 30, 2005

SOBRE ESOTERISMO TRADICIONAL Y MASONERIA

La estructura simbólica y ritual, ("no humana"), propia del simbolismo constructivo, enraizada en la gnosis perenne y transmitida unánimemente por las sucesivas generaciones del esoterismo tradicional, es legada expresamente por las últimas órdenes de constructores a la Masonería en el siglo XVIII y a su través llega hasta nuestros días. Este legado, "arca tradicional de los símbolos", contiene las palabras, grados e instrumentos respectivos a la vía iniciática tradicional.

No es, cabe decir, el depósito simbólico y ritual conferido a la Masonería, un compendio de impresiones y voluntades, bien al contrario comporta la transmisión de una suma simbólica unánime, enriquecida en la diversidad de escuelas, sociedades y doctrinas que la testimonian a lo largo del tiempo. Por otra parte, la presencia de Cristo en la tierra, símbolo vivo de la encarnación del Verbo en el ser, ejemplifica en el hombre–Dios el proceso de pasión, muerte y resurrección. En Occidente, la influencia cristiana, impregna la mayor parte de la historia del pensamiento y si en el dominio metafísico de las grandes tradiciones de Oriente, la encarnación del No-ser en el ser en un tiempo y civilización determinado, no aparece afirmado de modo particular en el dominio cosmogónico, la presencia de Cristo en la tierra y el desarrollo simbólico en el hombre-Dios de los diversos ciclos de la creación, resulta un paradigma inigualable. Bien es verdad que en aras de la condición humana de Cristo Occidente muestra una fuerte tendencia a adecuar la realización intelectual a figuraciones humanizadas de lo que Cristo debiera representar y a sustituir progresivamente símbolo e iniciación por opinión y religión, lo que comporta una historia religiosa exoterizada y preñada de modificaciones individuales según el tiempo, que pierde relación directa con su propio principio intelectual.

Numerosas circunstancias concurren también a la historia de la Masonería. Hay un aspecto fundamental, previo a cualquier otra consideración: la Masonería es una orden tradicional de Occidente, enraizada en sus primeras sociedades, y cuyo desarrollo doctrinal en el tiempo revela la unicidad del proceso cosmogónico que hila la cadena de su esoterismo tradicional. La Masonería no es una asociación religiosa; si bien guarda respeto máximo a esta cuestión, su estructura y reglamento no corresponden al ámbito devocional o místico. La vía propia al masón es de carácter iniciático y observa en el orden simbólico y ritual respectivo a la construcción del templo, la fuente original e inmutable para acceder a los misterios del ser y del universo. A la simbólica ritual que determina este proceso constructivo se le denomina esoterismo tradicional. No se trata, en efecto, de una suma de personalidades que coinciden más o menos en sus visiones, en unos u otros acuerdos o beneplácitos, bien al contrario, se trata de la transmisión de una estructura cosmogónica unánime, esencialmente ajena a cualquier forma de modificación. En ello el carácter simbólico–ritual de la transmisión masónica, adquiere un valor supremo. La Masonería concede tres grados: aprendiz, compañero y maestro; el grado de maestro comporta una nueva herencia de grados que se denominan altos grados. En algunas épocas la transmisión aparece borrosa y asaltada por múltiples consideraciones, en otros momentos la transmisión contiene fuerza recapituladora y adquiere brillo y esplendor.

La Masonería tiene su origen en el siglo III, en el propio punto de partida del Hermetismo. La sucesión de su legado comporta buen número de aportaciones: comunidades precristianas y cristianas, escuelas gnósticas, filosofía griega y pitagorismo, Misterios del Egipto y de Alejandría, colegios de arquitectura y de construcciones, cábala hebrea, simbólica hermético–alquímica y órdenes rosacruces de constructores, que son los que legan a la Masonería los rituales propios al simbolismo constructivo tradicional.

Se pueden formular numerosas consideraciones acerca de la fundación de la Tradición Hermética. Y si bien su desarrollo se presta a las más diversas conjeturas individuales (como cualquier otra cosmogonía, por otra parte), el carácter simbólico de la revelación hermética, sobrevive original a través de los ciclos. La doctrina hermética se transmite originariamente en la filosofía griega y en la egipcia, pero su relación con la Tradición abrahámica resulta igualmente de extrema importancia: la Cábala hebrea, cuyo Arbol de la Vida supone la plenitud simbólica de la cosmogonía de Occidente, análoga a la gnosis cristiana, es el cumplimiento en el ser de esta plenitud; y también a lo largo del tiempo, la influencia del Islam en la transmisión de las ciencias tradicionales.

En el Renacimiento tiene lugar una fuerte expansión de la Tradición Hermética, la que algunos especialistas han denominado "soplo hermético", cuya inspiración recapitula y ordena la labor de las sucesivas generaciones surgidas hasta entonces del esoterismo tradicional de Occidente. Cobran en este tiempo extraordinario vigor las obras de autores cristianos, en algunos casos, clérigos, que desde la misma Iglesia intentan conciliar esoterismo y exoterismo. P. de la Mirándola viene a vivificar el hermetismo cabalístico–cristiano y a tratar de aunar esta posibilidad.

La simbólica alquímica, impregna en este tiempo la ciencia de Occidente, que ve reunidas en esta esencia operativa, las claves geométricas y poéticas del arte real. La concordancia entre la Revelación Hermética y el cumplimiento de la Gran Obra alquímica es unánime respecto al coronamiento o cumplimiento de las cosmogonías gnósticas y al proceso humano de Cristo, pasión, muerte y resurrección. La integración de las influencias que estos procesos comportan, parecen colmar el contenido operativo de la vía iniciática tradicional de Occidente.

Bien sabemos que las condiciones socio intelectuales en las que se efectúa la transmisión de la Orden Masónica permanecen en brumas y no ofrecen certificados a los investigadores. ("A primera vista se está tentado de remontar el curso de la historia, con la esperanza de reencontrar los rituales originales, que no habrían experimentado todavía, las transformaciones conformes al espíritu del tiempo. Pero, como ya hemos dicho, el periodo de la tradición masónica escrita es muy breve; existen menos de veinte documentos disponibles anteriores a 1725. Por otra parte los rituales del siglo XVIII no son apenas más seguros que los del siglo XIX, dado que tanto los unos como los otros han sido tratados según las tendencias locales. No existen entonces documentos escritos que pudieran aportar una garantía de anterioridad". Le Symbolique au grade d'apprenti, R. Berteaux).

Parece pues de difícil solución entonces y ahora tratar de pormenorizar y reclamar despacho oficial de la transmisión masónica, (la misma dificultad por otra parte que la transmisión simbólica a lo largo del tiempo de cualquier cosmogonía tradicional). La propia idea–fuerza de una logia de masones, extiende interiormente el alcance de los trabajos y en muy poco tiempo provoca movimientos profundos y situaciones cosmológicas renovadas. Además, esta influencia "humanística" de la que hablábamos, congénita al desarrollo del pensamiento de Occidente, alcanza a las órdenes iniciáticas y propicia circunstancias muy personalizadas. A lo largo de los tres últimos siglos, numerosas fracciones y divisiones surgidas dentro de la propia Masonería, pronuncian desviaciones y siembran discordias y diferencias muy graves acerca del significado de la iniciación. Si contemplamos el amplio espectro de circunstancias que concurren a las logias, sea ello desde las más pulidas universitarias hasta las multinacionales o las mutualistas, bien habremos de constatar la cantidad de alteraciones que la Orden Masónica soporta, que ciertamente acusa en sus talleres una dificultad extrema. Incluso, hay que decirlo, aquellas logias dedicadas al mantenimiento del carácter simbólico de la via iniciática, aparecen asaltadas por pretensiones, exaltaciones e individualismos, (muy parecidos en este caso a las asimilaciones religiosas), que en realidad afectan el desarrollo de los trabajos. De hecho, verificada por el estudioso la documentación histórica existente, lo que interesa no es una descripción de las circunstancias, sean administrativas, sociales, culturales o religiosas que concurren a la historia de la Orden Masónica desde su propio punto de partida. Aquello que nos parece central es testificar el carácter "no humano" (anterior a cualquier individualidad) inherente al legado intelectual que transmitido por las sucesivas generaciones del esoterismo tradicional de Occidente, es entregado a la Orden Masónica en el siglo XVII y a su través llega hasta nuestros días. Este depósito, "arca tradicional de los símbolos", Uno a través de los ciclos, garantiza en el orden de su propio misterio el carácter simbólico de la vía iniciática tradicional.

Entonces bien, este rigor furibundo escudado en la historia y no en el símbolo con que se vilipendia a la Orden Masónica y a sus ritos, ¿no supone un desacato descarado respecto al esoterismo tradicional? ¿no supone ello un aprovechamiento burocrático, que obvia el alcance intelectual para implantar lo inferior?. Parecen más interesados los observadores y redactores cultos en acunarse en la brillantez de las disquisiciones que en averiguar, profundizar y reconocer el esoterismo tradicional. La idea de que el rito masónico, contiene e integra en un proceso simbólico único, los diversos grados propios a la iniciación tradicional, no parece ser de su agrado, parece que tienen cosas que añadir. Los últimos siglos han incubado una sucesión de imposturas considerables: el movimiento ocultista de Papus, Levi y un largo etc., los teosofistas de Mme. Blavatsky y los más recientes devocionistas de F. Schuon, no son efectivamente sino reformulaciones contra el esoterismo tradicional. Si bien estas imposturas están umbilicalmente unidas, cada una de ellas desarrolla sus propios supuestos. Estos movimientos elaboran una mistificación letrada que niega la iniciación tradicional, y escoge la figura exterior de Cristo para dar rienda suelta, en uno u otro sentido, a todo tipo de mixturas filosofistas entre diversas tradiciones, mezclando individuo, religión, cosmogonía y metafísica en discursos que por la autoridad que se atribuyen, constituyen una verdadera trampa: (recogen seis citas del Buda, cuatro del Islam, alguna indígena, vestigios antropológicos y teológicos, un taoísmo cumplido y realzado y un sentido de la devoción pío y abnegado, lo asimilan a la figura de Cristo, a través de El a la propia personalidad –la encarnación schuoniana– y certifican proclamas furibundas en nombre de sus supuestos esotéricos). El texto que Schuon presenta en el homenaje a R. Guénon de Etudes Traditionnelles (1951), que todo el grupo de "los suizos" airea como un estandarte, sintetiza en su propia composición las claves de lo que significa la acción contratradicional: lenguaje dual, consideraciones resabiadas, juicios de autor, mezcolanzas lingüísticas, lirismo sobre lo sagrado, manipulación de la obra y figura de otros autores, atribución de juicio, desprecio a la jerarquía, toma de posición personal, falta de reconocimiento, y un tono general muy pretendido y teatral. Ninguna de las diversas secciones de los movimientos ocultistas, teosofistas y schuonianos, se han caracterizado por una investigación seria y despersonalizada del esoterismo tradicional de Occidente. Han preferido proyectar sus discursos hacia una especie de religión esotérica universalista de corte moderno que pretenden airadamente sustituya a la vía iniciática tradicional.

La vía del masón está jerarquizada en sucesivos grados (representación de los mundos o estados del ser). Los ritos masónicos comportan una solemnidad gestual y una participación de la palabra muy profunda. Los diversos cargos simbólicos que conforman el rito son ocupados periódicamente por diversas personalidades, lo que otorga unas posibilidades de asimilación y de asunción de rango de extraordinaria delicadeza. En algunas tradiciones se figura el universo como un monstruo, incluso en la extremoriental, la victoria sobre éste supone la instalación en el eje del mundo de la victoria espiritual. El rito masónico es colectivo e integra la idea de fraternidad, que se vivifica en el centro del templo donde tiene lugar la cadena de unión que cierra los trabajos. El reconocimiento de la jerarquía es parte fundamental de la iniciación y de la instrucción masónica ("La enseñanza de cada grado consiste en comunicar los arcanos del nivel iniciático conferido…" "…la presentación de los arcanos se hace según un 'ceremonial' que toma el nombre de 'Ritual' ". La Symbolique au grade d'apprenti, R. Berteaux).

Numerosas son las consideraciones que se han suscitado, dentro de la propia Masonería, acerca de la justa extensión ritual de los trabajos dentro del templo masónico. Nos explicaremos: bien puede parecer que la esencialidad letrada del rito debe iluminar la construcción y colmar las aspiraciones del obrero. Pero este punto es fuertemente contestado por las logias operativas, que aplican la máxima iniciática, "Lo que está arriba es como lo que está abajo" y consideran también que la extensión de las fuerzas cósmicas dentro del templo y su reunificación final en el centro, es parte viva de los trabajos y condición fundamental de la instrucción del aprendiz.

Antonio Casanovas

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